Los hermanos Ayala y el llaqtamaqta de Chungui

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Por el año 1997, conversando con mi tío Alfonso Palomino, quien sin ser chunguino era un ferviente promotor e investigador de la cultura e historia de Chungui, decidimos viajar al pueblo donde nací, había pasado 20 años desde que regresé junto a varios muchachos estudiantes que volvían en sus vacaciones de medio año en un lejano 1967 y aquel entonces ya estaba tranquila la zona luego de años de convulsión social. Para el viaje nos agenciamos de una cámara de rollos y una videocámara Sony video 8, desde Ayacucho nos acompañaron mis primos Eber y Peradia, viajamos en una combi hasta la feria de Huarcca y llegamos a Chungui luego de una caminata de 4 horas. En Chungui recorrimos los lugares que habíamos frecuentado de niños, nos fuimos por los cerros que rodean el pueblo sin percatarnos que jóvenes del Comité de Autodefensa nos vigilaban en todo momento, pues nuestros familiares directos nos conocían, pero mucha gente, sobre todo los jóvenes, ya no nos conocían. Regresar después de tanto tiempo, recorrer los lugares que habían quedado grabados en nuestra mente, hasta se podía sentir el olor del aire, al entrar en contacto con ciertos lugares las imágenes grabadas en nuestra niñez regresaban como escenas de una película al presente, igualmente al charlar con la gente, sobre todo los antiguos que todavía estaban en su lucidez, fue muy agradable y reconfortante para nosotros.

Uno de los pocos días que estuvimos allí, mi quizo ir a Potoapata, uno de los lugares donde se practicaba el “llaqtamaqta”, salió temprano y regresó decepcionado, había ido en busca de una mandolina para tocar el “llaqtamaqta” en Potoapata, pero se dio con la sorpresa de que nadie tenía mandolina, casi nadie ya cantaba el “llaqtamaqta” y los jóvenes ni siquiera sabían bien lo que era, los mayores casi habían olvidado y nadie tenía mandolina. Los años de violencia fueron fatales para esta bonita costumbre, en los años más cruentos ya era impracticable ir por las noches a los lugares donde se podía cantar y bailar el “llaqtamaqta” como antaño, pues estaba prácticamente prohibido alejarse y reunirse fuera de la población sin que sean confundidos y ejecutados como “terrucos”, pocos siguieron cantando las canciones en los cumpleaños y reuniones familiares en los que eran posibles. De todas formas, mi tío consiguió desempolvar una mandolina con cuerdas viejas y algunas faltantes de uno de los paisanos, fuimos a Potoapata y allí cantó algunas canciones con la nostalgia en el alma y con lágrimas en los ojos.

Los últimos días de nuestra estadía, trató de conseguir un “toca cassettes” porque había llevado un cassette grabado con canciones de “llaqtamaqta”, los intérpretes eran los hermanos Ayala que seguían cantando sus canciones en Lima, ellos eran Aurelio Ayala y Alejandro Ayala que tocaban la mandolina y Primitiva Ayala que cantaba, con ellos, mi tío había grabado un cassette completo con varias canciones y quería hacer escuchar a la gente para que recuerden su costumbre. Coincidentemente esos días era la semana del niño y nos invitaron a presenciar las actividades de la escuela inicial y primaria, al que asistieron también niños de la escuela de Marco. Hubo una “arascasaca” por las calles del pueblo y un concurso de baile del “Huaylash” en la plaza en la que participaron todos los niños y nos nombraron como jurados. Al final del concurso, finalmente mi tío hizo que pusieran a tocar su cassette de “llaqtamaqta”, con el que se organizó una gran fiesta, bailaron los niños y los profesores y algunos pobladores. Los padres de familia que habían asistido al evento escuchaban con mucha emoción las canciones que cantaron o escucharon de jóvenes y que ya estaban olvidando. Muchos pobladores que estaban en sus casas salieron al parque al escuchar las dulces tonadas de las mandolinas que tocaban y cantaban Aurelio, Alejando y Primitiva, el “llaqtamaqta” se volvía a escuchar en la plaza de Chungui.

Los hermanos Ayala Alejandro Ayala y Aurelio Ayala
Alejandro Ayala y Aurelio Ayala

 

Años después mi tío me contó que había hecho reproducir unos 200 cassettes de “llaqtamaqta” y había llevado a Chungui para repartir entre la población, ya había llegado la carretera, aunque en mal estado, lo que hizo que al pasar la cumbre de Huarqaqasa, una de las cajas con la mitad de los cassettes salió disparado del techo de la combi, cayendo al barranco y dispersándose en la caída. La mitad de los cassettes llegaron a Chungui y él pudo repartir a la gente en forma gratuita, lamentablemente pocos tenías tocacassettes y muchos sólo podían guardarlo como un recuerdo, no sé si alguno tiene todavía hasta ahora. Lo cierto es que a partir de aquel entonces la gente empezó nuevamente a retomar el “llaqtamaqta” como su costumbre y las autoridades a poner en valor esta costumbre como un patrimonio de Chungui. Cuando Hermenegildo Ortiz llegó a la alcaldía fue cuando se declaró a Chungui como “Cuna del Llaqtamaqta”. Los hermanos Ayala siguieron practicando el “llaqtamaqta” en Lima, así como las otras costumbres como las fiestas patronales de la Virgen del Rosario, los carnavales, como las canciones del “ñan rutuy” que pudieron registrar algunas de ellas en cassettes antiguos.

Años después Aurelio Ayala tuvo una parálisis, aunque se recuperó bien ya no pudo tocar la mandolina, Primitiva Ayala falleció hace algunos años y ahora recibo la noticia de que Alejandro Ayala ha dejado de existir, me sorprendió mucho, porque él estaba en la plenitud de su vida y por cosas del destino ya era mi tío político. Yo hice algunos videos con los registros originales de ellos, es una manera de rendir homenaje a personas como Alejandro que salieron muy jóvenes de Chungui y mantuvieron su pasión por su tierra, en sus actividades, en su música, en sus recuerdos. No sé si mi tío Alfonso y los hermanos Ayala fueron conscientes del papel que tuvieron en la preservación y la reactivación del “llaqtamaqta” en Chungui, espero que algún día las autoridades y la población puedan reconocerles en la persona del único miembro del trío que queda en la actualidad, es decir Aurelio Ayala Ccaicuri.

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5 Responses

  1. Violeta Martínez Palomino de Velasquez

    Chungui- Ayacucho, tierra sagrada de mi madre Alejandra Palomino López, mis tíos, Alfonso Palomino, Ventura Palomino todos ellos hijos de doña Donatilda López vda. de Palomino y Artemio Palomino. Mi tío Ventura Palomino se caso con Primitiva Ayala y sus descendientes, Reyna, Artemio, Edgar, Olimpia, Donatilda, Edita, Marilú y Alfredo Palomino Ayala. Me siento muy orgullosa de ser descendiente de tan ilustres personas, amaban su tierra, mi tío Alfonso investigo los orígenes de Chungui, a mis tíos Ventura y Primitiva junto a mi madre los veíamos cantar desde pequeñas mis hermanas y yo. Seguro que esos cassets donde cantaba y tocaban mi tío Ayala son la prueba y el inicio para no perder tan maravillosa manifestación cultural.

  2. Soledad Ayala Polo

    De todo corazón agradezco eternamente tan bellas palabras hacia mi padre un caballero, digno de todo respeto y amor por ser como era un chunguino orgulloso de sus raíces lamentablemente una triste enfermedad lo separó de nuestro lado es inevitable sentir tanto dolor pero dedicatorias ó tributos como este nos hacen amarlo más
    Gracias
    Alejandro Ayala … siempre presente!!

  3. Carlo André Valcárcel Ayala

    Sin duda alguna estos hijos de Chungui rescataron una tradición casi perdida. Que en paz descanses Alejandro Ayala te quiero mucho toda tu familia.

  4. Carlo André Valcárcel Ayala

    Soy nieto de Alejandro Ayala increible relato e historia, sabía del arte y las costumbres que practicaba en vida mi abuelo, no llegue a conocer el gran impacto cultural que dejaría en la historia de las costumbres peruanas y la música, simplemente algo más para sentirme orgulloso de la gran persona que fue en vida.

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